México, México, ¡Ra, ra, ra!
Vaya estatus de héroe nacional en el que han puesto a Guillermo Pérez después de su triunfo por decisión técnica el día de ayer. Y no es para menos, dirían algunos, ya que la presea dorada que consiguió en Beijing es la primera de éste tipo para un varón mexicano desde los juegos de Los Angeles 1984.
¿Esperanza o simplemente manejo mediático?

Recuerdo haber sido un férreo seguidor de la selección mexicana de futbol hace unos 15 años, justo en 1993 (el año de la selección mexicana). Consiguieron el pase al mundial, ganaron la Copa de Oro, segundísimo lugar en la Copa América. Un año después, ese equipo de Luis García y Miguel Mejía Barón me haría llorar en la trágica tarde de la derrota con Bulgaria. Luego vino otra decepción en Atlanta 1996. Para variar el contingente mexicano se distinguió por su mediocridad, y fue la primera vez que fui informado de la corrupción en el deporte mexicano, escuchando por primera vez los nombres de personas como Mario Vázquez Raña como sinónimo del problema.
Y lentamente me fui desencantando del mundo del deporte, dejando a un lado la inocencia que da escuchar la hipocresía de algún comentarista de Televisa o TV Azteca y pensando un poco más en lo que está REALMENTE detrás de cada competencia deportiva. ¿Se imaginan la cantidad de millones de pesos que se juegan a lo largo del territorio nacional en cada jornada del fútbol nacional? ¿Y qué pasa cuando esa competencia involucra a las naciones, y tiene que ver con los intereses económicos de éstas, como el caso de China vs. Estados Unidos? Definitivamente, hay algo más que una simple justa deportiva detrás de estos eventos, y por supuesto, México no está invitado. (Sus empresarios tal vez, pero sus atletas no ven los frutos de esos intereses.)
Porque si fuera de esa forma, entonces tendríamos figurones de la talla de Michael Johnson o Yao Ming, que son casos extraordinarios dentro de las delegaciones de los ganadores. Tendríamos atletas como Michael Phelps que se nutre al día con lo que podría comer una familia completa en México, y que tiene colgadas en el pecho más medallas de oro que las que tiene en toda su historia el país.
Pero ahí están las Sorayas, y los Memos Pérez... inclusive las Paolas Espinosas que a base de esfuerzos propios y el poco (o nulo apoyo de los directivos) se ganan un lugar en el mundo, y entonces ya son interesantes para las empresas. Ayer, para las televisoras, México era sinónimo de Oro y el taekwondo era la disciplina más importante del país. Pero nuestra poca memoria nos hace olvidarnos a los pocos meses de que existen esos deportes. Y esos esfuerzos, esas figuras se desvanecen al momento en el que sale Cuahutémoc Blanco a la cancha del Azteca, porque en realidad, eso es lo que les deja dinero a los que podrían apoyar otras cosas.
Echemos un ojo al cine, al teatro, a la educación o A LA POLICÍA, y en realidad... todo es parte de lo mismo.
Ponte la verde.
(¿No será en realidad PONTE LOS VERDES?)











