De Thom Yorke y su interminable fila de corazones
Es tanto lo que puede mover una banda de rock en una cuidad y más en una como el DF. Es tanto lo que puede provocar la expectativa. Son miles los que dan su tiempo y su dinero indiscriminadamente por un par de horas de realización completa. Y, también, porqué no decirlo, los que sólo se van con la corriente de decir que siguen a un grupo, sólo porque HAY que hacerlo.
Admiro de verdad a los miles de fans que desde hace más de 12 horas están formados para comprar un boleto para Radiohead. Eso es espíritu, me cae. Nunca he pasado toda una noche esperando que abran una taquilla, pero sí he estado formada afuera de una desde las 4:00am. Torta de tamal y toda la onda. Es re chingón lo que se genera entre los que están formados a horas miserables, es una especie de afinidad inmediata sin necesidad de credenciales...hasta que se abre la taquilla y se genera una extraña competencia que si bien no es aguerrida, existe un dejo de hostilidad hacia quien está frente a ti. Esas pequeñas comunidades efímeras que te hermanan por algunas horas. Julio Cortázar lo describe en Autopista al sur, otro ejemplo más autóctono, Mecánica Nacional, clásico del cine mexicano. ¡Ja! Lucha Villa y toda la onda.
Desgraciadamente hay mucha gente que va a ir a ver a Radiohead que, una, nunca hizo el menor esfuerzo por conseguir un boleto, y dos, que con trabajos conoce la canción de Creep, Karma Police y sabe de Radiohead porque le comentaron que regaló su disco en internet...."osea que buen peeeedoooooo es LA BANDA". Recuerdo cómo me ardía cuando yo había luchado por un boleto y veía 60 filas adelante de mi a un cabrón con su nena que no se sabían una sola rola del grupo en cuestión. Tal vez por eso les aseguro que muy rara vez (a lo mucho dos veces) he estado en un concierto en primera fila, cuando lo estuve, créanme que me lo merecía y he cedido buenos boletos a quienes lo merecen a quienes realmente le van a sacar provecho a esas dos horas inolvidables.
Esa pasión que te hace pasar noches en las calles o momentos de interminable angustia es en muchas ocasiones lo que demuestra la vida o la juventud que llevas en las venas. Y no es cuestión de edades, recuerdo cuando fui a ver a Tom Petty y a Bob Dylan en concierto, todos pasaban de los 50 (yo tenía 28)y era una maravilla ver sus tiendas de campaña de la noche anterior afuera del estadio.
Cuando sé de la gente que mientras escribo está ahí, esperando que se abran las taquillas, me emociona, y jamás pensaré que es una tontería renunciar a una noche cómoda en tu cama, gastar una lanita que igual no te sobra pero que con gusto inviertes en tu banda, o renunciar a tus responsabilidades "de adulto" por soplarte una fila monumental de gente.
A quienes crean otra cosa, les dejo un párrafo de mi libro del momento "Diferencias" de Goran Petrovic:
"Y así, una cosa tras otra, todo a tu alrededor empequeñece, se encoge, pero en realidad eres tú quien se vuelve cada vez más pequeño o menos curioso, de cualquier modo cada vez menos dispuesto a dejarse encantar- justamente a la misma velocidad con la que vas haciéndote adulto."





